La valla – por Juana M. Santana

La valla

 

Se considera publicidad sexista la que utiliza el cuerpo de la mujer, o partes de él, para promocionar un producto del comercio, pero, ¿qué ocurre cuando el cuerpo de una mujer, o sus partes, anuncian la venta o alquiler de ese mismo cuerpo o el de otras? ¿Cómo afecta eso a la estima de las mujeres, a su situación en la Sociedad o a su propia percepción?

El día 10 de marzo de 2016, una agencia de publicidad colocó un valla publicitaria de considerables dimensiones, ocupando casi todo el lateral de un solar situado en una céntrica calle de la ciudad de Las palmas de Gran Canaria, en el que una mujer desnuda con un gran antifaz negro y zapatos rojos de tacón de aguja, se encontraba tendida a lo largo con las piernas flexionadas sobre un fondo de color rosa.

En el cartel se anunciaba, con eufemismos a la moda, un burdel. Un pequeño teléfono en el margen superior izquierdo indicaba su funcionamiento las 24 horas del día, cada día. Este anuncio se situaba a una manzana de un colegio de enseñanza primaria. También estaba cerca de varias sedes centrales bancarias y de algunas de las principales instituciones autonómicas, pero no fueron éstas el detonante de los acontecimientos que se sucedieron a partir de la instalación de la valla.

Ese mismo día, 10 de marzo, una mujer joven llevó a sus hijos al colegio cercano y pasó por delante del solar aún desprovisto de publicidad. Después, a primeras horas de la tarde pasó de nuevo a recogerlos. Fueron los niños los primeros que repararon en el descomunal cartel, -mira, mamá, una mujer desnuda-, exclamó uno. –Bueno, lleva zapatos- se rió el otro. -¡¿qué anuncia?!-, preguntaron ambos entre el desconcierto y la risa.

La mujer, desconocedora de las leyes pero consciente de sus derechos como ciudadana, sorteó como pudo la situación con sus hijos pero no se quedó en eso; sacó inmediatamente una foto del cartel y la envió a una integrante de la Plataforma Abolicionista Canaria (PAC), dando la ubicación exacta de la publicidad y preguntando qué podía hacer para que la retiraran.

Al ser la valla una competencia del Ayuntamiento, se le aconsejó que denunciara el hecho ante la policía local. Por el camino a casa encontró a dos agentes y les contó el caso. Ellos le aconsejaron que fuera a las dependencias más cercanas, allí tomaron nota y le indicaron que además debía llamar al 092 porque su denuncia quedaría grabada. Así lo hizo y, además, llamó al colegio y habló con la Dirección del mismo, que también denunció.

A su vez, la PAC lo puso en conocimiento directo de las autoridades municipales competentes y, también, se puso en contacto con diversas Asociaciones integrantes de la Red Feminista de Gran Canaria, convocándolas a una concentración ante el cartel denunciado, con invitación a los medios de difusión, el día 11 de marzo de 2016, a las 18.00h.

Horas antes de la convocatoria, la PAC recibió aviso de que la publicidad del cartel había sido tapada. Se lo comunicamos entonces a nuestra joven protagonista, y ella sacó una nueva foto del cartel, que esta vez se encontraba completamente en blanco.

No obstante, se mantuvo la convocatoria y, a las 18 horas de una tarde fría y desapacible, activistas y medios dimos cuenta de la novedad: lo que iba a ser la noticia de una ignominia se convirtió en la noticia del triunfo de una acción ciudadana, simplemente siguiendo los cauces legales establecidos. Y en menos de 24 horas.

¿Se trata de moral cristiana? No, se trata de legalidad vigente, artículo 3 de la Ley General de Publicidad en relación con el artículo 20.4 de la Constitución española. En nuestro sistema actual se prohíbe la censura previa, pero la publicidad ilícita debe ser retirada. El cartel de marras entraba de lleno en ese concepto legal, por eso se retiró.

Las leyes regulan situaciones de la vida cotidiana, no suelen anticiparse a ellas y, la mayoría de las veces, vienen a regularlas, encauzarlas o prohibirlas, cuando el clamor social es mucho o cuando la presión ciudadana es superior a la de otros intereses, en muchas ocasiones espurios o simplemente económicos.

Para defender nuestros derechos, lo primero que tenemos que hacer las mujeres es despojarnos de esos prejuicios que tratan de ridiculizarnos hablándonos de moralina, pacatería, mogjigatería, puritanismo, etc., cuando los defendemos; o llamándonos directamente feminazis a las activistas. No, la Moral, la Ética, no es privilegio exclusivo de los varones, el cuerpo humano es desnudo pero su explotación en cualquier vertiente es otra cosa.

En conclusión, como dice un refrán, hace más quien quiere que quien puede, y, como dicen Les Luthiers: “mi dignidad está en juego, yo de aquí no me muevo”.

 

Juana María Santana

Plataforma Abolicionista Canaria

Las Palmas de Gran Canaria, 17 de marzo de 2016

 

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